Musas no me faltéis

No sé que hacer, la verdad, si compararme con Bolaño o compararme con el apelativo que salía en su tarjeta: vago. Tal vez con los dos: escritor y vago, y hacerlo completo. ¿Soy poeta? Tengo que pensarlo,… en vez… tengo q hacerlo. Nadie más entenderá esta caligrafía mas que su autor. Autor de crímenes de lenguaje, a las normas, a lo escrito que es vida. Me inspira un ritmo caliente como para hacer un baile, de amor y romance, de platónicos que me llegaron a romper por la mitad. (No sufrir por un osito de peluche tumbado a mi vera cantando canciones absurdas).
Aquí también hay bohemia. És tal por necesidad, ni por vehemencia ni por vanidad. Tan crudo que se podría llamar “tartar” y, a pesar de ello, aún pensamos que aderezándolo con un poco de salsa valdría la pena. Baila y come. Come y baila. (Digan lo que quieran que el adolescente rebelde se puede manifestar como un Baudelaire rapero si le apetece). El tiempo se entremezcla en tintas atemporales que agarrarán de emboscada al papel. Dejadme que os diga que soy poeta, por todo aquello que elegí no ser o de lo que me cansé. Ojos y manos o yo que sé, ponle tú el nombre, cualquiera que sea tu historia, tu mentira de historia.
Que bien me siento con ello. Imperfecto.

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