1:12 de un martes de Marzo.

Bajando , downhill, y es que el alcohol es muy malo. Ya me lo dice un amigo mío. Yo ya lo sé. También. Pero me gusta cuando sé controlarlo.

Ayer pasé toda la mañana vomitando ¡malditos calçots y su olor!

Sábado a la noche, en las fiestas, la pillé. No muy gorda pero lo suficiente para que me costase digerir tanto Jack (gorda y fea). Mierda. El cuerpo ya se desacostumbró al fermentado de maíz. La verdad es que la culpa la tengo yo por querer quemarme todo, por ser incapáz de hablarle a la gente, por callarme estas líneas que antes anotaba y anotaba en cuadernitos rojos escondidos en algún bolsillo interior.  La pluma y yo ya no somos amantes. Esto es solo una relfexión pero me basta. París tiene la culpa. Siempre París, ciudad fria y hostíl que me transformó en un arrogante estúpido. Me dejé llevar supongo, me acomodé en dejar fluir su fuerza y a enbriagarme de su narcisismo. Él se ahogó. Yo, me ahogué. ¿Esperan gentes nuevas que reaccione como el típico españolito? Nada saben de mi historia, de la soledad ni del dolor mudo que me produce arcadas nada mas levantarme. La extraño. Estraño la inocencia que la acompañaba, extraño los masajes que me daba, la ilusión de vida que en cada comida se ponía en la mesa: los sueños de un joven extraño al mundo que le rodea.

Vini, vidi, ¿vinci?

Hay veces que libros me arrancan (me encanta esta palabra: ARRANCAR) de mi rutina y de mis pensamientos asesinos. Hay películas, historias, canciones, páginas, que me recuedan otros modos, me recuerdan que maduro, que los ojos no són los mismos, pero que siguén estando allí. ¿Mis ojos? Van cansados cuando pongo distancia entre nosotros. Pido un espacio que me repugna. És mi espacio. Solo mío. En él, vosotros, solo soís pensamientos, ellas solo són pensamientos, recuerdos y deseos,  y los demás solo són demasiados años juntos como para desecharlos.

En la Rue de la Fontaine du Roi, en la  Central Avenue, en la Powell Street, en el metro de Shinjuku. Allí me dí cuenta de que es difícil encontrar alguién que quiera saber de tí genuínamente. Es aquí, en Carrer dels Jocs Florals, que valoro más que nunca poder ser yo sin tener que montar ninguna imagen ni llevar máscara.

Le suicide ce n’est pas une option. Lo tengo super claro. No aún. No en la juventud.

El cambio puede ser… pero debe ser… profundo! Desde la médula! Que saqueé todas las raíces!! Qué vuelva a dar flores de brotes! Que se callen y observen!

Pero sigo, aúnque más aliviado por estas lineas, echando en falta una mano, un beso, un abrazo, la sencillez en ellos, su proximidad, su calor, esas mágicas palabras: “NO pasa nada”.

 

Todo saldrá bién ¿verdad?

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