Sweet Meadows 20, 93 AT

Me tiré de cabeza al agua. Nada se puede comparar a la sensación de tener el cuerpo rodeado de líquido y de poder moverse en su frescura. Me encanta poder venir al lago y zambullirme en él. Mi abuela se hubiese llevado las manos a la cabeza de haber oído hablar de algo así, pienso. Su generación creció con miedo a quedarse sin agua, sin ríos, miedo a vivir rodeada de un mar tóxico y contaminado, apelotonada la humanidad en pequeños islotes habitables. Pero, por fortuna, se aprobó a tiempo el plan SUPE (Salvamiento Universal del Planeta y sus Especies) que plantearon Japón y la coalición del Pacífico, junto la UEA (Unión de Estados Africanos) y el MarcoSur. Recuerdo a mi abuela cuando me lo contaba. Lo hacía con la misma emoción de un adolescente descarado y soñador. Ellos lo pasaron mal, tuvieron que encararse a muchos problemas, pero La Esperanza acabó triunfando.

Ojalá estuviese aquí para ver esto. Recuerdo que me contaba cómo era la vida en el pueblo, allá en la costa. Nunca supe recordar los nombres de los peces y otras criaturas marinas que llenaban sus historias pero no me hacía falta. A mis ojos, esos bichillos no eran lo importante, no lo era al menos su nombre, sino la relación de mi oba con ellos. Parecía que los conocía personalmente, que intercambiaban secretos, que la existencia de uno no era posible sin la del otro.  En su casa llevaban generaciones dedicándose a la pesca, hasta que llegaron las máquinas laburel y, gradualmente, sustituyeron todos los trabajos en los que la toma de decisiones no era algo fundamental. Al principio todo el mundo se escandalizó: surgieron voces de protesta, se organizaron boicots, pero conforme la población fue viendo que perder su puesto de trabajo les permitía poder dedicarse a sus pasiones, la cosa se relajó.  Por lo que cuentan, la incertidumbre y el temor ante el cambio se fueron abandonando a medida que la gente empezaba a tomar tiempo para ellos mismos, cultivando su ser. El gobierno de cada estado asignó a cada barrio varios asesores de humanidad, y las personas que se encontraban más perdidas ante la nueva situación encontraron en ellos el respaldo y confianza necesarios. Tomó tiempo, toda una generación puente, pero finalmente el colectivo de la sociedad se acostumbró a vivir armoniosamente con su ser.

El sistema educacional tuvo que cambiar por completo– al no ser necesario pensar en términos de producción y resultados, experimentó un cambio de paradigma totalmente radical. Internet fue clave para que eso pasase. Ya no era necesario desplazarse para acudir a los centros de enseñanza. Tampoco era necesario seguir un horario de clases, cualquier maestro podía ser consultado desde todos los rincones del mundo. Según decía mi abuela, la Unisource parecía haber salido de la fusión de todos los blogs y foros de usuario. El conocimiento logro llegar al alcance de todos. Eso resultó en un salto enorme en lo referente a las habilidades de cada persona. La generación de mi abuela fue la que lo tuvo más complicado, pues chocaba con su forma de trabajo autónoma y por cuenta propia. En cambio, la de mis padres acabó por consolidar y demostrar lo beneficioso del nuevo sistema. Desde pequeños los educaron a manejar la red y el plurilingüismo tomó central protagonismo en el plan académico haciendo posible que, a la edad de diez años, los estudiantes fuesen capaces de entender y expresarse en inglés, chino, árabe y en una lengua románica, normalmente el español. El resto de las humanidades y las ciencias se enseñaban integrándolas en un programa que combinaba experiencias de primera mano en cada uno de los campos de estudio. Gracias a la tecnología, por entonces emergente, que proporcionaban los dispositivos Platrans, las distancias y el gasto de los viajes se acortaron, posibilitando un entorno de formación transcontinental. ¡Es increíble lo que se consiguió en una sola generación! Solo ciertos visionarios fueron capaces de pronosticar algo semejante –como en el caso del filósofo Met Carsey y su oportuna y acertada escuela del Hopeism/Esperancismo surgida a medianos de siglo, y que daría la base teórica para el cambio. Lo maravilloso es que, contra todo pronóstico fatalista, al cabo de dos generaciones la adaptación al nuevo sistema fue un éxito global, en parte, como reacción inevitable ante la destrucción total que amenazaba la humanidad y el planeta. La economía tradicional demostró ser totalmente incompatible con la profunda esencia del humano y los seres, y después de un periodo de varios años, los gobiernos de las grandes potencias mundiales empezaron a contemplar nuevas posibilidades de coexistencia y desarrollo. Los medios bautizaron ese período con el nombre de “El Juicio Final”.

Mientras los distintos gobiernos formaban coaliciones como la del Pacífico, la UEA y el MarcoSur, hubo un cambio de mentalidad que logró algo que hasta entonces parecía imposible, puesto que había sido la causa de múltiples conflictos: trascender las religiones. A raíz del Consejo Espiritual celebrado a los pies del Monte Bromo a mitades del Juicio Final, las distintas religiones mayoritarias se conjuntaron, firmando el llamado acuerdo de Trascendencia y Búsqueda de la Paz. Consiguieron llegar a acuerdos de coexistencia al hacerse evidente los valores intrínsecos y comunes en cada una de ellas, en parte para protegerse de la radicalización que sufrieron a principios de siglo y en parte como consecuencia natural. Dicho acuerdo no tardó en involucrar a las religiones y credos mas minoritarios. Eso sirvió como precedente para las distintas fuerzas políticas que, una vez vista la posibilidad de unión, decidieron imitarlo firmando el Tratado para la Paz y la Prosperidad, precedente al actual SUPE. Tomó un tiempo hasta que se idearon planes como Unisource o Gohan, este último destinado a gestionar los recursos alimenticios y sus industrias. Una de las materias que generó más debate y que hizo que la firma del tratado se retrasase, fue el referente a la historia. En ese aspecto, los gobiernos demostraron seguir fuertemente apegados al concepto tradicional de Historia, lo que dificultó enormemente la aceptación de la teoría del Principio propuesta por el chino Xao. Según el historiador, antropólogo y biólogo Manuel Xao, todo lo que había pasado la humanidad hasta ese entonces, sólo se podía entender como el principio, como los inicios de las sociedad y forma de vida a la que la especie humana estaba destinada biológicamente. La propuesta de Xao era que, hasta ese entonces, la especie había atravesado una fase crítica de aprendizaje, la cual tocaba su fin, y que sólo podía resultar en una evolución simpática en todos los niveles. En el llamado periodo de adolescencia, cuyo momento estamos viviendo ahora, el desarrollo de las habilidades artísticas, emocionales y espirituales tiene que servirnos para alcanzar el estado de madurez superior: aquel en el que la especie consigue transmutar la materia y pasa a funcionar como un solo ente con distintos elementos y extremidades. Algo parecido, en parte, al entramado celular que forma el cuerpo.

Las ideas de Xao, una vez aceptadas, jugaron un papel clave en las futuras decisiones políticas. El tratado significó la erradicación de todas las fronteras. La humanidad, al entender que su historia lo era en conjunto, se dio cuenta de lo inútil de los límites geográficos. Asimismo, al pasar al nuevo sistema económico, las funciones de las aduanas se inutilizaron. El producto y consumo de bienes volvió al modelo primordial: cada región consume y vive de lo que su tierra produce. Eso no significa que no podamos gozar, por ejemplo, de frutas exóticas, puesto que los avances tecnológicos (tanto de transporte como agrícolas) hacen de ello una realidad.  De hecho, mi plan para esta noche es cenar una ensalada vegetal con mango colombiano, plátanos de canarias y arroz basmati de la India, todo recién cultivado. Nuestro sistema de intercambio y beneficio debe mucho al C2C inicial. La especialización laboral en el ejercicio y desarrollo de las habilidades en las que uno se siente más cómodo, y de las cuales el individuo obtiene más satisfacción, facilita las cosas enormemente. El sistema arcaico de labor y trabajo por un sueldo, que establecía relaciones de capital a cambio de tiempo, demostró ser solo beneficioso exclusivamente para una minoría privilegiada que amasaba poder y fortuna. En cambio, nuestra sociedad permite al individuo desarrollar su pasión sin preocuparse, ni por el beneficio económico que va a obtener por ello, ni por el tiempo. Cualquier tarea en la que uno se embarque la hace con la tranquilidad y confianza de estar libre de presiones, puesto que el único objetivo es la satisfacción del artesano con su arte.  Y lo que es más importante ¡No existen tareas consideradas inútiles! La clave de todo esto es lo positivo que resulta para las personas. Si lo comparamos con lo que vivió mi abuela, ahora no debemos responder a ningún tipo de presión social, ni tampoco obsesionarnos con ser productivos –según la teoría y discurso del Principio, al ser todos beneficiosos para el conjunto, cada cual aporta su individualidad única y excepcional y todas nuestra acciones resultan productivas. Otro factor a tener en cuenta y al cual le debemos esa libertad enormemente, es la evolución y desarrollo tecnológico que ha hecho posible la creación de los androides Laburel y la fabricación de maquinas capaces de lo más sorprendente, facilitándonos la vida de una manera antes inimaginable. Aún siguen existiendo cocineros, albañiles, pescadores, agricultores, etc., pero el sistema actual se asegura que cualquiera que ocupe una posición, digamos laboral, lo haga porque su ser más íntimo le exige ese tipo de trabajo, lo que garantiza una satisfacción sólo al alcance de una minoría afortunada en los tiempos de nuestros antepasados. El sistema asegura y garantiza, de esta forma, la ausencia del delito y lo fútil de este. Otro de los beneficios del nuevo sistema resultó en una disminución casi absoluta de los actos violentos. Según Carsey, al eliminarse la violencia del estado y del mercado la gente se siente arropada, protegida e integrada por el conjunto de la sociedad, lo que asimismo limita las acciones violentas específicamente a la infancia, donde cierto comportamiento al natural es experimentado, procesado y superado, gracias a una educación centrada en potenciar las cualidades exclusivas y propias del humano como son la razón y el lenguaje, pero sin desdeñar la parte más salvaje, emotiva e irracional.

En el corto periodo de tiempo que llevamos viviendo en estas condiciones, grandes diálogos han sido registrados en favor de la humanidad al completo. Grandes ideas han podido ver la luz, en parte, como resultado directo de esta liberación de la presión brutal de la fuerza. La ley del más fuerte ha sido remplazada, no por la ley del más listo o lúcido, sino por una ley que contempla todas las opiniones como forma de enriquecimiento de conjunto. Esto es posible al enfatizar el entrenamiento temprano en las artes, la dialéctica, la filosofía y la teología, dotando a los aprendices de herramientas válidas para impulsar la autoestima y la confianza en sus posibilidades y sentimientos. Gracias a esta postura hoy disfrutamos de grandes poetas y la literatura colma nuestras vidas de sensaciones y placeres para la mente que antes sólo atisbábamos esporádicamente ante la genialidad de ciertos maestros como lo fueron Camus, Hesse, Unamuno o Joyce. La conexión que sintieron con la vida y el arte estos afortunados principales, ahora está la alcance de todo el conjunto de la población del planeta. Nada es obligatorio y además se ha conseguido invertir un factor que antes nos iba a la contra, como es el tiempo, para que vaya a nuestro favor. Lo hemos relativizado al entenderlo como un campo de posibilidades y no como un obstáculo. ¡Hemos recuperado el tiempo a favor de las futuras generaciones! No más invertirlo en un trabajo que sólo nos desgasta sin dar nada a cambio. El Esperancismo ofreció al mundo una visión más allá del humanismo y de sus posibilidades. Al hacer hincapié en las cualidades potenciales ideales, dotó al mundo de una visión que le permitía expresarse y ser al completo, sin enfrentamientos, haciéndole entender las posibilidades de la humanidad mas allá de los intereses individuales o particulares. ¡Menuda cura! ¡Qué descanso para el espíritu! La verdad, no puedo imaginar el infierno emocional al que debían estar sometidas las generaciones iniciales. Miles de palabras quedaron en desuso al desaparecer los referentes conceptuales que representaban. Palabras como egoísmo, envidia, ira, han tomado una dimensión histórica y sólo se usan en cuanto nos permiten entender el Principio.

Ojalá mi abuela hubiese podido vivir esto pero, a la joven edad de setenta y dos años, murió. En ese entonces los aparatos de aire acondicionado aún no estaban al alcance de todos y por falta de uno de ellos, no pudo soportar las altas temperaturas de la península. Poco después, cuando mi madre tenía cuarenta años y yo aún no había nacido, la Unisource hizo posible el desarrollo e instalación de nueva tecnología térmica en todos los hogares del mundo. La tecnología nos liberó poco a poco de ciertas cargas pero, a pesar de todos esos avances, siempre he sentido una especie de simpatía por la forma en la que vivieron nuestros antepasados –aunque entiendo el proceso evolutivo y no soy de esos a los que les gusta vivir como lo hacían las generaciones pasadas, desprovistos de ciertas tecnologías y siguiendo sistemas sociales y educativos principistas. A pesar de todo, estas comunidades llamadas Walden, viven en equilibrio y respeto con las nuestras. El contacto entre las dos es frecuente y beneficioso para ambas partes.  Gracias a ellos podemos entender parte de la grandeza humana, capaz de producir tal variedad de seres y mentes como colores hay en la naturaleza. El mundo, a día de hoy y a pesar de la expansión global, tiene el entramado y configuración de las pequeñas comunidades, donde todos somos próximos los unos a los otros y trabajamos para el equilibrado bien común.

Sin ir más lejos, cerca de esta pequeña cabaña a orillas del lago Panguipulli desde la que escribo, habita una comunidad cuyos estándares tecnológicos tienen como referente los del siglo XIX de la antiguamente llamada era Cristiana. Es cierto que no se puede decir que vivan exactamente tal y como se hacía en el S.XIX, puesto que ellos han elegido esa forma de vida después de pasar por cierto periodo de formación en el nuestro, pero las nuevas generaciones nacidas en esas comunidades disfrutan de la paz y la falta de amenaza externa que no tuvieron aquellos en los que se inspiran, por lo que, en cierto modo, el resultado posible de tal experimento es una incógnita. A pesar de la duda, confiamos en este tipo de proyecciones. Sus gentes demuestran ser solidarias entre ellas, como nosotros, y su vitalidad o agilidad mental no tiene nada que envidiar a la nuestra. Lo único que les diferencia es la escasez de recursos y la falta de acceso a cierta información, lo que  les obliga a un diálogo distinto en forma y contenido al nuestro.A excepción de eso, gozan de las mismas libertades que todos nosotros, viven en paz y harmonía, y su alimentación es igual de autosuficiente que la nuestra. Esencialmente, la humanidad en ellos y la que hay en nosotros es la misma, puesto que experimentan emociones y sensaciones de la misma forma que lo hacemos nosotros.

Al contemplar las aguas del lago me gustaría poder hablarle a la generación de mi abuela para decirle que todo el miedo y sufrimiento por el que pasó, la lucha que llevó a cabo su gente para no terminar con el maná de la tierra, no es más que una nota en la blogalaxia, un punto más dentro de la cronología y los estudios sobre el Principio.  El plan SUPE hizo posible la recuperación de los recursos naturales, dándonos la oportunidad de volver a disfrutar de paisajes no vistos durante siglos. También ha hecho posible que haya paz entre los pueblos que habitan el planeta, que las diferencias nos sirvan para enriquecernos y no para separarnos. Les diría que los avances tecnológicos surgidos fruto del esfuerzo conjunto a través de Unisource nos han dotado de una movilidad y habitabilidad antes impensable, sólo presentes en mundo de ciencia ficción. Imaginad la vida como os la estoy contando. Haced el esfuerzo de creer en la Esperanza de lo exquisito en nosotros. Creedme cuando os digo que somos felices porque ese es nuestro destino, el de todos. Les diría que aquí y ahora, en este rincón del planeta, donde no necesito del aire acondicionado que siempre tengo en marcha en el apartamento de Bamako, es donde decido pasar la mayor parte de los meses calurosos. El contraste con Mali es asombrosamente gratificante e inspirador. Además ¡el pescado es delicioso! Los vecinos, tanto los que viven la mayor parte de su tiempo en la zona o los de las comunidades Walden, cómo los que vienen regularmente, son gente que aprecia la tranquilidad. Nos gusta pasear por la zona y, mientras contemplamos nuestros pensamientos, nos sentamos a dialogar a lo alto de un terrón con vistas al lago. Tengo por costumbre acompañar estas charlas con una bota de vino de la región, excelente al paladar y a la nariz. En estas reuniones solemos intercambiar palabras, objetos, comida, arte –dependiendo de lo que pueda aportar cada uno– aunque lo mas importante de lo que intercambiamos es la presencia, el contacto físico de uno con el otro, las miradas. A veces solamente nos sentamos y miramos, apenas sin decirnos nada pero comunicándonos mucho. Es en esos momentos en los que puedo atisbar un destello de aquella madurez de la que habla Xao. En particular, hay una persona con la que me gusta compartir mis ideas. Su nombre es Emeina. Tiene una habilidad con la música que consigue que mi ser vibre de una forma única, a veces consiguiendo que me derrita y me quede embobado, extasiado en un trazado musical que al parecer me carga de energía en cada sesión. A ella le fascinan mis poemas y mis habilidades culinarias y el intercambio entre nosotros es siempre tan generoso que nos hemos propuesto descubrirnos a fondo el uno al otro.  Creo que, a pesar de que es un término aún complicado de definir y concretar, estamos enamorados. Sentimos ese anhelo por el otro, ese deseo romántico, vital y esencial de fusionarnos. Un sentimiento que me recuerda al que emanaba de la relación que tenía mi oba con las criaturas el mar. Sí, ya sé que no nos conocemos mucho aún pero tengo la esperanza de que esto sea solo el principio de algo tan bello como el mundo que vivimos y la gente que lo habita. De momento, voy a zambullirme y dejar de nuevo mi cuerpo refrescarse entre las aguas del lago. Me apetece.

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Cadenas y límites.

Esto es demasiado, no lo aguanto. Todos los días son iguales, es peor que en la escuela. Maldita escuela. Qué manía con el horario. Aquí es igual, todo tiene su horario, no lo habría imaginado así. Claro que escuché historias pero nunca pensé que fuese tan duro. Lo peor de todo es que uno se olvida de quién es, vive extraño, a veces incluso cuesta encontrar las fuerzas para seguir adelante. Pero la gente sigue, todos seguimos, esperando encontrarle sentido mas allá. Algunos de mis compañeros no saben qué pensar, muchos de ellos callan, unos pocos se atreven a vivir olvidándose de donde están. Supongo que esto es mejor que nada. Los golpes se sienten distinto, mas sordos, aislados, a solas, en una cama dura y fría. Pensar que toda la vida me dijeron que anduviese con cuidado, que no fuese un pringado. Miradme ahora. Aunque no sea nada cómodo, he aprendido a disimular, a pasar desapercibido, a reír las gracias de los que están por encima. Vaya vida, nano. ¿Cómo puede ser que haya acabado así? Aunque siendo sincero, no sé si es lo mejor. Puede que así sea, puede ser que esta tranquilidad sea cierta y que toda la vanagloria de antes sea tan fría e inútil como los barrotes de las celdas. Me cagüen. Ni loco, vaya. Ni loco vuelvo a correr perseguido por perros. Parecía divertido. En serio, es como esos niños pijos que se tiran haciendo puenting, o yo que sé qué cosas para sacarle la adrenalina al cerebro. Nosotros corremos delante de los perros, enganchados al subidón que nos da el solo pensamiento de unas manillas en la muñeca. Mis cadenas las elijo yo, decía el Tito. Perra vida, tete, perra vida.

Recuerdo la primera vez que me llevaron de excursión. Quería hacerme un nombre y me juntaba siempre que podía con los grandes. Era un chiquillo, fumaba porros en la plaza del bloque, iba al centro a robar CDs en el Corte Inglés y a los piojosos les robaba la chupa o lo que fuese. Le vacilaba a todo el mundo, a Mauricio, a Pascual. El barrio siempre fue violento y me llevé más de un tortazo. Un niño deja de serlo demasiado pronto en sitios como Cañada Real, Palma Palmilla, las Mil viviendas o la Mina. Fue un fin de semana, mi Tito era autónomo, se dedicaba a la harina, y necesitaba a alguien para llevar un pedido que le hacía un señorito de la universidad. Hacia poco que había vuelto al barrio después de unas vacaciones y no quería arriesgarse, así que me mandó a mi. – A ver qué puedes hacer, Joselito–me dijo, –acompañarás al Largo al centro con esto bien guardado. Si ves que falla algo, te escaqueas ¿claro? Mauricio es el mayor y ya conoce al payo así que él es que tratará el asunto. Respondí que estaba clarísimo. Fuimos en metro y pasó que en la parada del centro había dos polis con el perrito y acabamos corriendo. Yo estaba nervioso pero disimulaba bromeando y montando escándalo. El Largo me dijo que me calmara, que si estaba tonto, así que me callé. Estaba tenso y no creo que mi andar fuese  muy natural. El chucho empieza a ponerse nerviosos y a tirar de la correa, los ojos clavados en mí. El poli, que no no estaba por la labor, tardaba en reaccionar. Intenté precaver a mi primo pero no había manera de hacerlo sin llamar la atención así que me arrodillé como para atarme los zapatos.  –La pareja viene pa’ca–, me dice el primo. Así que empiezo a andar para el pasillo de transbordo en vez de para la salida. El Largo me dice que me calme pero yo estoy cagao y cada vez sudo más y camino más rápido. Y el puto perro tirando de la correa.  Maldito el Tito por no envolverlo mejor, pensé. Gritaron algo y, sin mirar atrás, empecé a correr como un loco. No me pillaron y a mi primo lo dejaron ir porqué no llevaba nada. Ya en el barrio se rieron de mí, a pesar de lo orgulloso que estaba mi Tío por lo rápido que reaccioné. Así fue como me metí en el negocio hasta que, años después, una de las ratas envidiosas me mandó la madera a casa y hizo que me metieran en una celda por tres años.

Gracias a Dios, todo eso ya quedó atrás. Ya no lloro a escondidas al pensar en mi madre. Se acabaron las horas eternas comiendo techo, acechado por los ruidos del corredor: la humana sinfonía de ronquidos mezclada con los sollozos de los que lloran y los suspiros de los que se masturban. Se acabó el callar mi lamento en la almohada. Terminas diciendo que te acostumbras. Es mentira. Extrañé mi familia cada día de los que estuve preso. Moría al saber que mi hija crecía mientras yo solo la veía en fotos, volviéndome un extraño a sus ojos. Basta de peleas para liberar la tensión que ejercían esas paredes y la tortura al oír a los que, afuera, vivían sin límites. Prefiero mil veces decirle que sí al estúpido del jefe donde trabajo que el dolor sordo de ser incapaz de intercambiar abrazos y besos con los tuyos. Aquí fuera, el orgullo es solo el complemento perfecto de la ignorancia de aquellos que no saben lo que es la verdadera libertad. La libertad de reír y llorar con tus seres queridos.

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Ante todo, Julio.

Solo tenía que ir. Si. Ir. Soñé tanto con ello. Lo imaginé tantas veces. Pero no podía, me lo impedían esas bromas, las maneras en las que las hacían, hasta llegar a sentirme incomodo con mis gestos. – Soy gay, mama. No, suena demasiado raro. No puedo decirlo. No puedo.

– Papá, me gustan los hombres. Si claro, como que uno le puede decir eso a su padre. Debo estar volviéndome loco. Pero me gustan, más que las mujeres. Ellas me parecen, no sé, como que se van a romper. Son demasiado simples y complicadas, en cambio, los hombres son complejos y sencillos. Y fuertes. Me gusta que sean fuertes. Solo tenía que ir.

Tuve una novia. Nos llevábamos bien y el sexo era muy placentero, lo reconozco. No debería ser tan extraño ¿No? Las sensaciones son físicas y no se pueden evitar. Me ponía cachondo porqué me tocaba, porqué me excitaba la idea, sentía que estaba cometiendo algún tipo de maldad. Su cuerpo no me atraía, lo que lo hacia era la idea de ser tocado, mordido, lamido, besado e incluso escupido. Era de caderas grandes y pechos pequeños. Tenía los brazos casi mas anchos que los míos y el pelo cortito. Mi madre decía que era muy masculina y yo defendía su libertad, la libertad de saltarse los clichés, de no depilarse, de no cruzar las piernas. Eso hacia a mi madre muy miserable y mi padre no entendía que me gustase una chica así. Para mi era un juego: nos llevábamos bien, reíamos mucho y nos hacíamos compañía. No me di cuenta de que ella se enamoraba de mí. No lo vi, sencillamente. Tras unos meses de estar saliendo juntos dejamos de hacer el amor. Me inventaba excusas, me hacía el despistado y si eso no funcionaba, entonces lo hacíamos muy rápido y yo casi no la miraba.

–Estás bien? – me preguntaba. –Si ¿Por? – Casi no me miras, siento como si de repente te avergonzaras de lo que hacemos.No sabia que inventar ni tampoco tenía ganas de mentir, así que me quedaba callado o me daba la vuelta hacia ella y la abrazaba. Ella tomó eso siempre como una manifestación de mi sensibilidad. – Eres tan sensible, Julio. Por eso me gustas– me decía. – eres distinto a los otros chicos. Ellos solo piensan en sexo y en ellos mismos, No saben ni acariciar.

Marina, si lees esto, quiero decirte que lo siento. Menudo sorpresón te llevaste. Aún no entiendo como no te diste cuenta de como miraba a tu hermano mayor, a él y todos los otros chicos, vaya. Reconozco que fuiste buena, eso si que lo puedo decir, y te debo disculpas. Realmente espero que algún día entiendas que tus acusaciones no tiene fundamento. No te usé, te quise. Pero nunca podría haber sido feliz a tu lado y tú tampoco hubieses querido vivir en semejante farsa. Fue mejor cortar. Terminar con el paripé, decirte que me había desenamorado. Preferí sufrir mi condición en soledad que cubrirla en un engaño. Por eso, al final, me fui.

Llegué a San Francisco una tarde de Octubre. Al salir por el metro de Castro no creía lo que veían mis ojos. Hombres, muchos, besándose y cogidos de la mano. Chicos jóvenes también, incluso mas jóvenes que yo, queriéndose, abiertamente ellos, sin temores. Una gran bandera arco iris otorgaba al barrio con el título de “Capital Homosexual del Mundo”. En medio de esa demostración de libertad cosmopolita me sentí muy castellano y pueblerino. Me acojoné, lo reconozco, y empece a pensar si no me habría equivocado. Me sentí ridículamente idiota numerosas veces, pero siempre había un hombre, un chico, o una loca, con el que compartir mis miedos, dispuestos a ayudarme. Sin ellos, a lo que cariñosamente llamo las abuelas oso de San Fran, no habría llegado a ser el hombre que quiere libremente y sin mentiras que soy. Ya sé eque en el pueblo todos me llaman el mariquita yanqui, se lo oigo decir cuando vengo de visita. Pero ellos no saben que, al irme del pueblo también me fui de sus prejuicios.

(Presentado al IV concurso del Colectivo “No te prives”)

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I’ll go back

1.

I’ll go back and live again

I’ll go back and live again

I’ll go back and live it again

I’ll     Go

Back

Again.

2.

I’ll go back and waste my time again.

Again, time I waist,

again nothing but a sunset,

a breeze, a flower, a car, a kiss

stolen from time.

I’ll go back and live again

live through pictures. No. Yes,

leave pictures to go back to.

I’ll live too and go back too again

I’ll live and go back again

I’ll go live and back again.

I will live bck again.

3.

To this place, to that time.

to taht place and time. This one.

The one I can’t regret,

the one I can’t recall.

The one.

The time

to live,

to go.

I’ll leave and take back again

the life I left unlived.

I’ll take back the pepperoni pizza slice

The red grapes liquorice wine.

The blond french girl kisses,

the redhaired girl kisses,

the asian, american, european kisses

I  left live on the road

(like this is.)

4.

I’ll go back and live again.

Never, clever, It’s been better.

Guess, I was was about to met her

when I had already left her.

When the tears stop, come the laughter.

No.

I’ll go back and live again.

There, forever. Neither: now or never.

As a life graces lover.

211114.1442

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Musas no me faltéis

No sé que hacer, la verdad, si compararme con Bolaño o compararme con el apelativo que salía en su tarjeta: vago. Tal vez con los dos: escritor y vago, y hacerlo completo. ¿Soy poeta? Tengo que pensarlo,… en vez… tengo q hacerlo. Nadie más entenderá esta caligrafía mas que su autor. Autor de crímenes de lenguaje, a las normas, a lo escrito que es vida. Me inspira un ritmo caliente como para hacer un baile, de amor y romance, de platónicos que me llegaron a romper por la mitad. (No sufrir por un osito de peluche tumbado a mi vera cantando canciones absurdas).
Aquí también hay bohemia. És tal por necesidad, ni por vehemencia ni por vanidad. Tan crudo que se podría llamar “tartar” y, a pesar de ello, aún pensamos que aderezándolo con un poco de salsa valdría la pena. Baila y come. Come y baila. (Digan lo que quieran que el adolescente rebelde se puede manifestar como un Baudelaire rapero si le apetece). El tiempo se entremezcla en tintas atemporales que agarrarán de emboscada al papel. Dejadme que os diga que soy poeta, por todo aquello que elegí no ser o de lo que me cansé. Ojos y manos o yo que sé, ponle tú el nombre, cualquiera que sea tu historia, tu mentira de historia.
Que bien me siento con ello. Imperfecto.

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iWritte

I’m writting in the iBook. “I” is the first letter I writte.

I’ve been working on the iPhoto with those shots I took on the iPhone.

iKitchen…

                   … iCup

                                 … iPeople

                                                    … iLife

iGo to the iStore and iBuy few iThings

Eat them

I.

 

 

 

Kill the Ego.

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La vecina. (serie Asco)

La chica no hace nada. No trabaja, no estudia, no está de voluntariado, no pinta ni escribe ni toca un instrumento ni nada. Vive en el apartamento de al lado. Es mi vecina. Es un poco mayor que yo, está soltera y ella cree que nos llevamos bien solo porqué de vez en cuando le dejo usar mi ordenador y entonces me invita a fumar. El costo que tiene siempre es bueno, y es muy cuidadosa con él. Lo guarda en una cajita de Hello Kitty echa en aluminio. Supongo que ese es nuestro trueque: yo le dejo usar mi ordenador para que mire el internet y ella me da de fumar para que yo surfee por mi cabeza. Siempre tiene la televisión encendida y a veces la radio al mismo tiempo. Siempre hay un programa que quiere ver, alguna cosa que le interesa. Cuando estoy fumado le habló de mis cosas, solo por pasar el rato porqué se que a ella le dan igual. A veces creo que me gustaría follármela. No porqué sea muy atractiva sino porqué siento su cuerpo cerca del mío, reclamándome contacto, pasión, lujuria. Nunca lo he echo y no creo que lo vaya a hacer. Una cosa es prestar el ordenador y la otra prestar el cuerpo. Además seguro que le gustaría y entonces aún se me haría mas difícil quitármela de encima. Creo que ella tienes ganas, que me ha escuchado con otras en mi piso, que las ha escuchado gritar, y que algunas veces ha tenido que ser realmente insoportable para ella, que está toda sola.  Un día hasta picó en la pared cuando ya llevábamos un buen rato y no parábamos. Lástima que fue justo después de que mi chica se corriese y justo en el momento en el que yo iba a venir. Me cortó él rollo. Nunca se lo perdoné, zorra mal follada amargada de mierda. Haber aprovechado para masturbarse en vez de andar jodiendo los polvos de los otros.  Como digo, ella no hace nada. Nunca. Siempre está en la casa. A veces pone la música a todo volumen y canta desafinadamente desafinado. Me toca la moral, y también me cortó mas de un polvo con eso. Al principio le gritaba a través de los muros pero después mi chica numero uno se hizo amiga de ella y de repente empezó a tomar confianzas. Empezaron a hacer cosas juntas. Empezaron por desayunar. Al principio mi chica numero uno iba a buscar los croissants no solo para mi sino también para la vecina, que por pudor tardó un poco de tiempo en aceptarlos. Muy poco tiempo. Una vez superada esta fase mi chica numero uno empezaba a desayunar conmigo y cuando se cansaba o se aburría, digo yo, se iba a hablar con la vecina. De eso pasamos a que desayunaba primero con ella y, cuando yo me despertaba, cansado como estaba por mi trabajo nocturno necesitaba dormir mas que ella, que se pasaba los dias en la cama, entonces desayunaba conmigo. Después ya ni me enteraba si estaba con la vecina desayunando o conmigo. Supongo que lo notó ya que durante un tiempo volvimos a estar como al principio pero un día la vecina llamó a la puerta cuando nos oyó despiertos y como quién dice, con cualquier excusa, se auto invitó. Ahora me corta los desayunos también. Mira que son importantes para mi, me gusta la calma, entrar tranquilamente en el día, despierto, fresco. Pues allí está ella con su hablar en lugares comunes, en la queja constante de cualquier ridiculez que le haya pasado en su vida miserable: peleas con sus amigos y colegas, chismes varios, historias de los vecinos, puro blablaba sin dirección ni virtud, pura charlatanería vacía de alma y de ninguna de las maravillas del ser. Se parece a escuchar la tele, solo que con ella lo único que puedo hacer es cambiar de canal cambiando el tema, o insinuarle con mi indiferencia que ya es hora de que se vaya para su apartamento. Maldito el día que quise ser simpático con ella. Qué cruz de cortesía. Poco pude hacer ya para que esa persona no entrase en mi vida, ya tenía invitación especial casi de categoría V.I.P., y encima vecina! Acepté mi destino, fui lo mas cordial que pude, intenté bromear y portarme bien con ella porqué así podía fumar de vez en cuando. Que error eso dejar que una persona entre en tu vida solo por un tema de fumeteo gratis, lo acabas pagando mas caro y sintiéndote mal, peor si tienes escrúpulos. Así que ella ha estado en casa por momentos. Conseguí que mi chica numero uno y ella  pasasen mas tiempo en su estudio que en el mío (al menos me queda el templo de mi guardilla) y aprovechaba para leer o lo que fuese hasta que un día cuando yo terminé de usar el ordenador se atrevió a preguntarme si se lo prestaba. Yo no supe decir no y se lo presté, solo para evitar una situación delicada. Ella supo que no me gustaba la idea y me puso cara de perro apaleado. No pude mas que sonreír (estúpido) y decirle que anduviese con mucho cuidado. “Te cuidaré tu baby” dijo. Solo porqué no le va su ordenador pues ahora yo ya no tengo una vecina hey-que-tal-como-te-va? no, ahora tengo una compañera de piso. Su puerta casi siempre esta abierta y ella siempre en casa. Ni trabajo, ni estudios, ni novio, ni fiestas, ni arte ni nada. Solo tele, porros, comida y victimismo hacía los demás. El estado le paga el alquiler y la comida la debe conseguir con algunos trapicheos, al igual que los porros. Nunca ha desvelado su fuente de ingresos, pero algo debe hacer. Nunca me atreví a preguntar pero hace poco me enteré que compra cosas y luego las revende a sus colegas, y que con eso se saca unos eurillos por aquí y por allí (le deben comprar las cosas mas por compasión que por necesidad). Tiene una extraña afición por el calzado. Cajas y cajas se apilan alrededor del suelo de su casa, en armarios, debajo la cama, en el diminuto corredor. Dice que así, si le surge una ocasión especial en los que los necesitase ya los tendrá. ¿Pero que situación especial le va a salir estando todo el dia en casa, odiando a sus amigos, despotricando de todos sus conocidos? De vez en cuando tiene visita de algún que otro incondicional o interesado que pasa por la casa, y no creo que en esas ocasiones use unos zapatos especiales para combinar con chandal negro. Hablando con mi chica numero uno dejé bién claro que no me cae muy bien, le dije “no es mala persona pero es un parásito, no hace nada y no me aporta nada. No me gusta la gente así”.  Hay personas que están en una situación cómoda en la que no se tienen que preocupar por muchas cosas, pero que aspiran o envidian a tener mas y entonces se quejan, pero sin hacer nada. Detesto estas actitudes. Uno es maestro de si mismo, y si no te gusta una parte de tu vida siempre hay algo que puedes hacer al respecto. Cualquier cosa es mejor que la queja.  Así que mi chica numero uno sabe como me siento yo y las pocas ganas que tengo de cruzármela, de tener que pasar por la situación comprometida de que me pida que le preste el ordenador. Ya se lo presté una vez y no pasó nada, me lo devolvió en perfecto estado, ¿por que desconfiar ahora, con que excusa negarlo? Me encuentro que cada vez que salimos de la casa ella aparece por la puerta y me pide que le preste el ordenador. Ahora ya no me da de fumar, toma té a veces en casa y como mucho me ofrece Coca-cola o me da dulces o pastelítos industriales, de los que compra a muy buen precio, de oferta. Siempre encuentra algo en oferta que tiene que aprovechar, esta metida a fondo en el consumismo y luego se queja de que no tiene dinero y de que todo es muy caro. Perdedora, llorona, amargada.  Me dan ganas de agarrarla y menearla fuerte diciéndole “¡Pero haz algo! ¡Trabaja en algo, espabila. Y deja de quejarte! “ Y claro, ella lo arregla todo y se justifica diciendo que ella no hace daño a nadie, que si uno quiero algo de ella allí está, que no tiene problemas en compartir. Pero si lo que pasa es que está sola y se muere porqué le hagan un poco de caso. Necesita contar a otra gente lo injusta que es la vida con ella, lo cabrones que son sus colegas que no le quieren hacer mas favores, que ya pasan de ella porqué nadie quiere tener un parásito como amigo, porqué debe estar hartos de que la tipa se pase por sus casa porqué necesita no se qué y al mismo tiempo, todo el rato que esta allí, no pare de quejarse y soltar mierda sobre no se sabe qué o quién. Eso contamina. Eso cansa, eso es algo que uno quiere alejar de su vida, que uno, cuando llega de trabajar en un trabajo de mierda, no quiere que alguien que se pasó todo el día en casa fumando porros le diga que su vida es una mierda, que la sociedad está mal montada, que este o aquel son unos cabrones porqué en algún momento se cansaron de darle sin recibir y ya pasan de ella. Eso es lo que diríamos “Quemar la gente”. Y el no asumirlo es no querer tomar responsabilidades, culpando siempre a los demás de las faltas propias. En momentos así se me viene a la cabeza que seguramente lo que la chica necesite sea un buen polvo, y que tal vez lo este buscando conmigo, porqué se lo veo en los ojos. Un día hasta se maquilló y arregló para llamarme a la puerta para ver que hacía, que si quería ir a un concierto con ella, aunque me confesó que ni ella misma tenía muchas ganas. Salí a la escalera y la animé a ir, a pasárselo bien, le dije que un poco de fiesta va bien para el cuerpo y allí me empezó a soltar excusas el tipo “ya habrá empezado, realmente no me gusta tanto lo que hacen “ y de mientras esperaba a que yo me decidiese a abalanzarme sobre ella, lo vi claro: ella allí apoyada contra la pared, sonriendo, recién maquillada, peinada y toda arreglada, mirando con esos ojos de perro apaleado de los que hablaba antes. Mejor evita problemas pensé, no vale la pena, solo te traerá dolores de cabeza. Su casero pasa a menudo para reclamarle dinero y para recordarle que hace tiempo que está avisada y que se tiene que ir pero la ley la ampara a ella, y hasta que no sea primavera no la pueden echar y ella va a aprovechar hasta el final, y no es que me parezca mal, pero es que cada vez que el casero aparece por allí se enzarzan en discusiones y gritos, y eso violenta. Gritos como los que les suelta a los vecinos cuando su bebé llora durante horas o cuando algún vecino hace una fiesta y no deja a nadie mas dormir y que ella, como no hace fiestas, no puede soportar porqué le impide escuchar su música o ver la tele o lo que sea. Y a mi que me pone nervioso y que soy mas de bajar y hablar con la gente me parece exagerado lo que ella hace porqué termina siendo ella la mas escandalosa y la que despierta a todo el mundo, incluido el bebé de abajo, que vuelve a llorar, y allí ella suelta un “putain” como si todo el mundo de repente estuviese en su contra, joder! Y yo salgo en calzoncillos y le digo con la cara y mi mirada que está bien, que no es para ponerse así, pero mi francés de mierda no me sirve para comunicar nada más así que me meto para dentro, y oigo como ella entra en su casa aún farfullando. Lleva diez años metida en ese cuartucho, quejándose de lo mal que está el inmueble y de lo mala gente que son los vecinos.

Es mi vecina. No hace nada en todo el dia. Se queja por ello. Eso me da asco, creo que es un parasito que chupa y chupa y chupa y solo puede dar excrementos a cambio. No hace mal, no tiene mala fe, solo va succionando los recursos de uno, su energía y su vitalidad hasta que, incluso cuando uno llega eufórico a casa, consigue deprimirlo con su queja eterna (ya vicio) y uno se siente miserable.  Uno diría que es por pura envidia aunque por no tener mala fe me resisto a pensarlo. Mas bien creo que se trata de una postura, cómoda, en la que queriéndolo o no se atrapó, y que ahora, como perro que se muerde la cola, no puede dejar ir aún haciéndose mal creyendo que de verdad tiene algo entre las fauces. Quiero decirle que ya no más, que se acabó, qué eso de ponerme ojitos ya no funciona, pero soy débil y me falta carácter. Estuve mirando pisos y habitaciones, encontré una bastante interesante al lado de La Villete y hemos llegado a un acuerdo. Mañana me mudaré. 

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